La Goyesca de Madrid
Lunes, 03 de Mayo de 2010
Un sorprendente imprevisto: programada con meses de antelación, la corrida de Carmen Segovia no pasó completa los reconocimientos...
Un sorprendente imprevisto: programada con meses de antelación, la corrida de Carmen Segovia no pasó completa los reconocimientos. Sólo tres toros. Cada uno de una manera. Dos de ellos, cinqueños. Con el cuajo de la edad los dos: un segundo ensillado, acarneradito, muy levantado de salida, 570 kilos, gruesa caja, basto remate, escobillado, las sienes estrechas; y un cuarto de anchas mazorcas, hondura no armoniosa, mero cuajo, casi 600 kilos también. El otro superviviente, negro salpicado, tuvo más fina lámina. Iba a cumplir los cinco años en agosto.
Ninguno de los tres vino a ser de mayor gloria. El segundo, que derribó en un arreón y descabalgó en un segundo viaje, fue de ir y venir sin darse ni romperse. Con ese toro estuvo arrancado, templado, encajado y firme Diego Urdiales. La muleta dominadora por abajo, seguras las soluciones de trinchera o de pecho que abrocharon airosas tandas seguras por las dos manos.
El otro cinqueño de Carmen Segovia, cuarto de corrida, galopó pero destartaladamente -lances agitados de José Luis Moreno-, derribó de bruto en la primera vara -un quite desgarradote del propio torero de Dos Torres-, un segundo puyazo de mucho sangrar, un quite incompleto de Urdiales y un cambio de decoración: en banderillas esperó y cortó el toro como si avisara de cuál iba a ser su son. No llegó a estar cómodo con él José Luis Moreno. Era la única tarde que quel diestro tenía firmada en Madrid en las tres ferias de primavera. No Urdiales, que saldrá dos veces más. Ni Sergio Aguilar, que comparecerá en la última semana de San Isidro. Para Sergio fue el tercero de los tres toros de Carmen Segovia salvados de la quema. Un toro con las orejas en jaque y de estilo defensivo, aunque pronto en los ataques al caballo. No se empleó: cabeceos de sacudirse engaños, y en ellos un desarme de Sergio, una embestida rengada más al trote que otra cosa, de no meter la cara. Por la corrida de Carmen Segovia suspiraban muchos hace no tanto. De los tres toros de la parte Domecq del Conde de Mayalde que completaron corrida, también dos eran cinqueños.
Y el último de festejo cumplía los seis del máximo reglamentario en noviembre. Sin ser gloria bendita precisamente, ese abuelo de la feria humilló y, sin celo ni codicia, repitió las embestidas. ¿Se dejó? Se dejó. Pero era flojito. Sergio Aguilar se templó con la zurda en dos tandas tardías, postre de una faena que pecó de tibia. No por la frialdad inherente a los que torean descolgados de hombros y posando las planta, sino por abusar del toreo vertical y en línea.
Tres toros de Carmen Segovia (2º, 3º y 4º) y tres (1º, 5º y 6º) de Conde de Mayalde. Encierro bajo de raza salvo el encastado 1º, ovacionado. Pitados los de Segovia y el 5º. Manejable el 4º. Noble el 6º, aplaudido.
José Luis Moreno, saludos tras aviso y silencio tras aviso.
Diego Urdiales, saludos tras dos avisos y silencio.
Sergio Aguilar, silencio y vuelta tras petición.
Informa:
www.elcorreo.com
Fotografías:
Gustavo Pavón
Oscar Ruiz “Ruaza”Hola Pavón, esta muy bien el reportaje enhorabuena. Por cierto Ruaza sigue deleitándonos con esas buenas fotos, son maravillosas.




