La ternura de un niño nos da una lección

Jueves, 17 de Diciembre de 2009

Desde Barcelona, Miguel Ángel, a sus 10 años, se confesaba el domingo en ABC un incondicional de Manuel Jesús Cid, que le ha abierto las puertas de su finca y un regalo: los avíos para enseñarle su toreo al natural... ( Noticia cediod por abc.es)


(Señores políticos, por favor, déjenme torear). Son las palabras del niño torero catalán Miguel Ángel Martínez, que confesaba el pasado domingo en el D7 su amor por la Fiesta.
Muestra de la universalidad del toreo, su verbo puro e inocente ha llegado a Estados Unidos, China e Inglaterra, y muchos medios internacionales y españoles se han interesado a través del reportaje de ABC por la historia de esta joven promesa de diez años.
Su afición es mayúscula: «Escriban en su periódico que yo quiero torear y que me dejen ir a la Monumental». No sabemos si su petición habrá calado entre los diputados que mañana tienen en su mano poner o no cadenas al sueño, pero sí ha conquistado el corazón de una figura.
El Cid se ha emocionado al leer que Miguel Ángel es su admirador número uno. «Me ha llegado hondo que ese niño luche por ser torero en una tierra donde pretenden prohibir las corridas y, además, me tenga a mí como espejo».
El maestro de Salteras siente «profunda tristeza al pensar que la decisión de unos diputados puede dar al traste con sus ilusiones». Si en el Parlament le cerraran las puertas de la Monumental de Barcelona, El Cid le abre las de su finca.
Muestra de su generosidad y su sensibilidad, mantendrá durante el invierno un encuentro con el pequeño en el campo. Esta semana le aguarda, además, otra sorpresa: hasta su casa de San Andrés de la Barca llegarán un capote y una muleta con el sello cidista.
«Es lo menos que puedo hacer por este niño. En él está el futuro de la Fiesta». El matador sevillano lamenta que una ley prohíba a los menores de catorce años asistir a los toros en Cataluña. «Me parece terrible que quieran cortar de raíz la afición. En los tendidos hay gente de paz, no como por ejemplo en algunos partidos de fútbol, donde se ven desde peleas a muertes...»
El novel con nombre de escultor ha heredado la afición de un tío novillero. Quiere convertirse en «figurón» y para ello se entrena dos veces a la semana en la Escuela Taurina de Hospitalet de Llobregat, un polideportivo.
En medio de porterías y goles, se imagina vestido de luces en su tierra catalana, entre ovaciones y olés. Su pícara sonrisa y su melena dorada recuerdan a El Cordobés, aunque su ídolo es El Cid «por encima de todos».
Como el pasodoble de Marcial Lalanda, lo considera «el más grande».
Miguel Ángel, como declaraba a ABC, busca una meta: «Quiero ser torero. Y lo seré. Si los políticos me prohíben torear en Barcelona, me iré a otra ciudad. ¿Pero no serán capaces de quitarme lo que más me gusta, verdad?» El Parlament tiene la última palabra.
                                       
                                  ( Noticia cedida por abc.es)
                                           Fotografía:
                                                   JOB VERMEULEN